
Estaba conversando con una amiga sobre cómo debe ser una persona en su vida, tratando de aplicarlo mas que nada al contexto laboral, esto me hizo reflexionar sobre ciertas actitudes de trabajo, ciertas ideas que están tatuadas a mi cerebro y sé que las he compartido con algunos amigos.
Siempre pensé que uno nace con un carácter, y cuando descubre algo que le gusta o una vocación inexorablemente tiene que seguirla, casi como la ley de gravedad de Newton, sin embargo, algunas de las experiencias que he tenido me han ido mostrando que esto no es del todo cierto. Poniéndolo en mi perspectiva, una de las cosas que más me gustan es diseñar, y en un momento abrí un estudio de arquitectura con un socio, pero se abrieron unas puertas a experimentar en otras especialidades dentro del rubro, y me gusto mucho lo que hacía, sin dejarme de gustar lo anterior. Actualmente, he juntado las dos experiencias para lograr un estudio de arquitectura con visión de promotor, corretaje, entre otras cosas que aprendí en este otro trabajo.
En el momento que decidí cambiar del estudio al otro trabajo, me cuestionaron mis “discursos” diciéndome de alguna forma (según entendí) que no era fiel a mis creencias y que mi palabra no valía en este tema. Pensé bastante en estas palabras y se vieron filtradas en mis pensamientos cuando conversaba con mi amiga sobre la forma de ser de las personas.
Ceo que la conclusión de esta no muy larga conversación fue que las personas deben de ser como la arcilla, con un color definido, capaz de adoptar diferentes posturas dentro de su capacidad natural, ya que si tiene conexiones muy esbeltas, no lo suficientemente húmeda, es demasiado manipulada se puede agrietar, quebrar y hasta secar sin forma definida.
La forma como lo veo, las personas nacemos con ciertas químicas genéticas impresas, casi imposibles de cambiar y algunas veces difíciles de aceptar, esto, junto con la educación familiar y escolar, nos hacen personas con valores, virtudes y defectos, gustos y preferencias, y si nos dejamos influenciar fuera de nuestros centros por el simple hecho de querer “ser aceptado” o aparentar algo que no eres, se quiebra nuestro molde genético, perdemos nuestra ética, nos volvemos mentirosos e hipócritas con nosotros mismos, convirtiéndonos en seres de alguna forma frustrados, amargados, con muchos vicios y mas enfocado en los defectos, nos arrugamos, nos enfermamos, y finalmente, nos morimos sin habernos aceptado nunca. QUE TRISTE REALIDAD.









