sábado, 19 de septiembre de 2009

EPISODIO 3 condenado a ser feliz


Siempre miro hacia adelante, angustias, preocupaciones, planes, obligaciones. Parte de la vida cotidiana, parte de ser yo mismo, parte de querer pertenecer y gobernar mis miedos, pero últimamente me he preguntado, porque gobernarlos? Porque mejor no los comprendo y enfrento? Cuáles son mis miedos y porque los tengo?

El miedo es irracional, la soledad no existe, solo existe mi realidad y la realidad. Tantas angustias por el pasado y futuro son insignificantes e irrelevantes, me pregunto a menudo, para qué? Y no encuentro una respuesta razonable. De hecho, me pongo a pensar que si las realidades son perspectivas limitadas a los sentidos de una persona, entonces la realidad es el presente, y mis pensamientos, angustias, planes, miedos, y todo lo que divaga por mi cabeza es más que un simple sueño húmedo que se transforma en pesadilla.


Cuando reviso todo este raciocinio, es lógico darme cuenta que la mediocridad inmediata contemplando objetivos y trabajando tranquilamente por ellos sin expectativas pude ser la mejor alternativa, pero siento que esto va en contra de toda mi filosofía de vida. Siempre repetía, mientras más estúpido serás mas feliz, acaso esta no es la base de las religiones? Cree y no cuestiones aquellos q no comprendes porque no llegaras a nada, no somos omnisapientes, no somos únicos, no existe nada original, solo existen reconfiguraciones de ideas y conceptos preexistentes.


A menudo mis angustias me llevaron a extremos, demasiado trabajo, obsesiones con ideas y personas, desilusiones, depresión, frustración, entre otras demasiadas angustias que hacían como olla a presión y se convertían en comportamientos deficientes, solo mostrando mi lado débil ante mis compañeros, como consecuencia me volví mas sospechoso, mas resentido, y muchas otras cosas, siempre culpando al egoísmo del prójimo y nunca dándome cuenta que era consecuencia de mi propia forma de ser y actuar.


De alguna manera todos queremos ser felices, y muchos sin pensar, llevan el camino apropiado, pero aquellos que tienden a compararse, pensar mucho, y crecer rápido, estamos condenados a siempre evaluarnos, medirnos, tratar de centrarnos para que no explote la olla de la presión acumulada. En resumidas cuentas, estamos condenados a ser felices y ser consientes de ello, para no caer en nuestros propios vicios, no perdernos en nuestras realidades y no herir a nadie.

Al final del día, todo se resume en no hacer daño y no dejar que te dañen, premisa más complicada de lo que aparenta, ya que un simple comentario, mirada o lo que fuese puede ser agresión contenida, y a veces se siente que aguantarse es hipócrita, porque no verlo como considerado? Porque no tratar de reprogramar el chip?

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